Te contaré un cuento de hadas: "Entre el polvo... y el cielo"


También esta semana, behappyfamily y "Te contaré un cuento de hadas" te ofrecen una nueva historia. Entre los usuarios elegidos "Entre el polvo... y el cielo", por Piera Arcostanzo.

En Este Art√≠culo: Te cuento un cuento de hadas y Planeta madre contin√ļe la colaboraci√≥n para dar visibilidad a las historias escritas por los usuarios de este hermoso sitio dedicado al mundo m√°gico de cuentos de hadas. El cuento de hadas elegido esta semana por el equipo editorial de Te cuento un cuento de hadas Es "Entre el polvo... y el cielo", por Piera Arcostanzo.
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"Entre el polvo... y el cielo", por Piera Arcostanzo:
- Estoy harto de hacer siempre el mismo camino, en el mismo lugar, entre las mismas cosas - resopl√© jadeando a los pobres Elf, mientras se escabull√≠a por los rincones m√°s escondidos de la cocina de la familia Giacmul, tragaba polvo y objetos de todo tipo. A su venerable edad, que ahora ten√≠a 10 a√Īos, quer√≠a disfrutar de la libertad, salir de esa casa que conoc√≠a de memoria, para frotarla miles de veces.
- Quiero descubrir el mundo, quiero conocer a diferentes personas, probar nuevas emociones! - Estaba pensando para sí mismo.
Estoy demasiado viejo y demasiado cansado para deslizarse bajo los sofás y sillones para amontonar todo lo que otros abandonan distraídamente en el suelo, meditando en silencio en el estrecho armario, donde habían aparcado muertos cansados, después de limpiar toda la casa.
¬°Cu√°ntas piezas de Lego terminaron en su barriga! ¬°Cu√°ntas tapas de l√°pices, cu√°ntos borradores para cancelar, cu√°ntos botones ya se han engullido sin quejarse! Incluso una navaja y un alfiler ten√≠an que sentarse sin respirar, incluso arriesg√°ndose a cortarle la garganta y terminar sus d√≠as abandonados en un rinc√≥n oscuro y polvoriento de una bodega vieja y h√ļmeda.
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De vez en cuando, como si eso no fuera suficiente, el abuelo Osvaldo abrió el estómago para buscar las cosas que Federica y Martina habían perdido... ¡y por eso eran dolores! Le sacaron las tripas y rebuscó despiadadamente en su estómago hasta que recuperó el objeto perdido. Parecía que él era el culpable del crimen, el que, como siempre, simplemente había cumplido con su deber.
Un d√≠a, el cumplea√Īos de Federica se estaba llevando a cabo, Folletto reuni√≥ debajo de la mesa las sobras del abundante almuerzo consumido por la familia Giacmul, cuando la cucharilla que Martina hab√≠a dejado caer desde su silla hasta su garganta. Hubo un grito desgarrador que se qued√≥ en silencio entre los comensales, una llama resplandeciente emitida desde las entra√Īas de Folletto, luego todo qued√≥ en silencio. Vano fue el esfuerzo del abuelo Osvaldo por revivirlo. El pobre Folletto yac√≠a all√≠, tendido en el suelo, verde como un lagarto, sin dar ninguna se√Īal de vida.
- Desenchufe el enchufe y col√≥quelo en el armario - sugiri√≥ con la bisabuela Piera - para hoy usaremos la vieja escoba que est√° en el balc√≥n. Ma√Īana veremos qu√© hacer.
Elfo, medio tonto, abandonado por todos como una zapatilla vieja, Termin√© en el armario entre zapatos para resuolado, peri√≥dicos viejos y suministros de detergente... Mientras tanto, la fiesta de cumplea√Īos continu√≥ en la alegr√≠a de todos: canciones, carcajadas, juegos divertidos, carcajadas. La mesa estaba llena de todos los bienes de Dios: bebidas frescas y chispeantes, dulces arom√°ticos, deliciosos pasteles rellenos de crema y cubiertos de crema, monta√Īas de dulces y chocolates y el inevitable tiramis√ļ que Anna hab√≠a tra√≠do de Bra. Federica, recostada en el sof√°, chup√≥ el √ļltimo confetino rosado; Martina, en los brazos de la madre Mar√≠a Teresa, se lam√≠a con avidez sus dedos sucios de crema; Marco y Francesco, el padrino de Fef√® y Martina, c√≥modamente hundidos en un sill√≥n, siguieron el derby Juve-Toro y bebieron la √ļltima gota de vino espumoso que hab√≠a quedado en la botella. Ahora nadie pensaba m√°s en √©l. ¬°Y decir que el pobre Folletto hab√≠a pasado toda su vida al servicio de ellos, sin pedir nada a cambio, si no algo de electricidad!
Ya era hora de ir a dormir. Nonna Anna y Francesco se levantaron, se pusieron el abrigo y, después de desearles a todos una buena noche, se fueron a la salida. Francesco estaba un poco preocupado: la Juventus había perdido el juego y con él también el Scudetto. Marco, decepcionado y un poco amargado, puso su pijama en Federica quien, no queriendo ir a la cama, pateaba y gritaba como loca, para despertar a Giorgia que vivía arriba. María Teresa, con su razonabilidad, logró traer la calma. Finalmente llegó el momento de que todos cerraran los ojos y descansaran.
S√≥lo Folletto no pudo conciliar el sue√Īo. Se agach√≥ en un rinc√≥n, en la oscuridad, con huesos rotos, olvidado por todos, abandonado como un perro de raza. Sinti√≥ que su cerebro estallaba pero, m√°s que nada, le rompieron el coraz√≥n. Nadie hab√≠a ido a saludarlo, a preguntarle c√≥mo se sent√≠a, solo nadie, ni siquiera Federica lo hab√≠a recordado. Y decir que se hab√≠a entregado todo a los desagradecidos.
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- Pobre de m√≠ - consider√≥ llorar y jadear - Despu√©s de tanto esfuerzo y tanto trabajo, estoy destinado a morir aqu√≠, solo, exiliado en este miserable armario.! Las l√°grimas empaparon su delantal verde y blanco, la √ļnica prenda que llevaba y siempre usaba, ahora desvanecida por el polvo y desgastada; Grandes gotas amargas goteaban en el suelo, formando un charco con bordes irregulares a su alrededor.
Al amanecer, una tenue luz se filtraba por el armario. El elfo fue reflejado en el charco y desanimado a√ļn m√°s. Sus ojos hundidos y apagados, su cara cansada y sufrida dejan pasar la angustia de una noche sin sue√Īo y sin esperanza. - ¬°Pobre de m√≠, tendr√© que resignarme a este miserable final! dijo entre sollozos, limpiando las l√°grimas con la polvorienta solapa de su malvado delantal. Mientras tanto, la casa comenz√≥ a cobrar vida. De la cocina salieron tictac de la vajilla y el alegre burbujeo de la cafetera que extend√≠a un aroma acogedor de caf√© en el aire; del cuarto de ba√Īo sal√≠a el repentino chapoteo de la peque√Īa cascada del inodoro; en el pasillo alguien, a√ļn con sue√Īo, se arrastr√≥ las zapatillas y desliz√≥ sus pies cansadamente en el suelo.
¬°Qu√© desastre! - exclam√≥ la madre Mar√≠a Teresa, tan pronto como entr√≥ a la cocina, lanzando una mirada desolada por todas partes - ¬°no ser√° suficiente toda la ma√Īana para devolverle un poco de dignidad a esta casa! En todas partes, de hecho, encontramos las huellas de la fiesta pasada. El suelo estaba cubierto de migas y papeles; el forro del sof√° arrugado y descompuesto; El mantel manchado de vino y comida todav√≠a estaba all√≠, acostado en la mesa, cubierto con platos grasientos, vasos y vasos sucios, servilletas arrugadas aqu√≠ y all√°.
- Marco, ap√ļrate y termina el desayuno. Necesito una mano vigorosa para ordenar la casa ", dijo Mar√≠a Teresa ineludible. - No te preocupes Mar√≠a, con Folletto, en cuatro y cuatro, ¬°todo estar√° en perfecto orden! - reiter√≥ el padre Marco para tranquilizarla, frot√°ndose los ojos a√ļn adormecidos. La fiesta y la noche parec√≠an haber borrado en todos el recuerdo del accidente ruinoso ocurrido el d√≠a anterior al pobre Folletto, hasta que Fef√®, sentada en el sof√°, sac√≥ la botella ahora vac√≠a de su boca, record√≥:
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- Papas, ¡quizás te olvides que ayer estalló Kobold! Y así, diciendo que comenzó a correr hacia el armario. Estaba descalza, así que inmediatamente sintió la presencia de agua alrededor del pobre hombre. Fefè sabía muy bien que en ese lugar no había grifos que gotearan. Los ojos de Folletto, enrojecidos y brillantes, no dejaron ninguna posibilidad de duda: ¡eran solo lágrimas! El elfo lloró, por lo que estaba vivo, aunque dolido.
- Aiutooo! Mam√°, pap√°, corre, ven y ve: ¬°Folletto llora! En menos de un momento, toda la familia Giacmul se precipit√≥ en el armario. Incluso la peque√Īa Martina estaba all√≠, en los brazos de su madre, y gritaba ruidosamente de miedo. ¬ŅQu√© pudo haber sido tan grave que toda la familia se moviliz√≥ en ese espacio estrecho, alrededor de ese horrible monstruo verde y blanco que yac√≠a en el suelo?
La Madre Mar√≠a, que conoc√≠a bien las virtudes y la dedicaci√≥n de Folletto, sinti√≥ que su coraz√≥n se romp√≠a de dolor. Le entreg√≥ a Martina los fuertes y seguros brazos de su padre Marco, luego se arrodill√≥ en el suelo, acarici√≥ a Kobold, lo levant√≥ suavemente del suelo y, con ternura y gratitud, lo apret√≥ contra su pecho. Luego tambi√©n brotaron dos l√°grimas calientes de los ojos marrones de Federica que, con una ternura inesperada, comenz√≥ a acariciar el √ļnico pie de la pobre y desafortunada criatura. Juntos decidieron trasladar al peque√Īo Kobold al sof√° de la sala de estar, donde lo lavaron, secaron y cuidaron con amor.
Mientras tanto, Marco Marco, acostado en su cama, Martina, comenzó a hojear las páginas amarillas de la guía telefónica:
- ¡Buscaré un buen doctor y lo curaré!
Encontró una clínica ambulatoria cerca de su casa en la Piazza 4 de noviembre. El médico que lo visitó se llamaba Beppe Dotta, pero todos lo llamaban Pippos. De joven fue un "DJ", un pasatiempo que continuó practicando en momentos libres del trabajo. Fue él quien, tras comprobar la gravedad del caso, instó a su admisión inmediata en su clínica privada. Luego, la copa se estiró suavemente en el asiento trasero del Multipla del abuelo Osvaldo y se condujo en la clínica para someterse a la atención amorosa del talentoso médico. Todos los días la familia GiacMul iba a visitarlo. Federica se sentó en su cama y le susurró dulces palabras de aliento; La Madre María le ofreció deliciosos dulces preparados por ella misma; Martina sostuvo su mano apretada, cubriéndola con besos.
De vez en cuando, el padre Marco se acercó a Folletto, le acarició suavemente la cabeza blanca y brillante y luego le puso un pitufo en la cara. Así fue como Folletto, cuidado y mimado, retomó su hermoso color verde y, después de ocho días, salió de la clínica con buena salud. A su regreso a la familia, todos los vecinos vinieron a felicitarlo y le llenaron con regalos y dulces que compartió generosamente con Martina y Federica.
Sin embargo, al día siguiente, cuando la Madre María intentó volver a ponerlo en funcionamiento, Folletto comenzó a patear y gritar como loca. "Ya no quiero arrastrarme por el suelo, ni aspirar el polvo y otras basuras". Quiero volar Gritó con toda su voz en su cuerpo. Madre María trató de poner las migajas de la torta frente a ella, un pedazo de chocolate, los Legos, los botones, pero en vano. El elfo ahora quería volar.

quien salvara al mundo

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- ¬ŅQu√© pasa mam√°? - pregunt√≥ Federica recordada por los gritos.
"No te asustes bebé", dijo la madre. Folletto hace un berrinche: ¡ya no quiere hacer su trabajo! ¡Ahora él quiere volar!
- Mantén la calma, mamá, intentaré convencerlo... - respondió Fefè acercándose a lo que ahora se había convertido en un querido amigo suyo.
Tan pronto como el ni√Īo lo abraz√≥, Kobold se levant√≥ del suelo y comenz√≥ a dar vueltas alrededor de la habitaci√≥n. Federica se aferr√≥ a su espalda r√≠gida y vol√≥ con √©l, mientras Mam√° Mar√≠a, de pie sobre la mesa, blandiendo la vieja escoba, intent√≥ desesperadamente hacer que aterrizaran.
- ¡Sal de allí inmediatamente! ¡Trae de vuelta a mi bebé o te haré follar! - amenazó a la madre tratando de asustarse, mientras que el bebé, después de un primer shock inicial, se echó a reír como loco mientras tenía un mundo.
Después de algunas vueltas en la habitación, al ver que la ventana estaba abierta, Folletto decidió salir.
- Federica, aferrándome fuertemente a mi cuello, te llevaré a dar un paseo por el pueblo - anunció orgullosamente a la chica.
- Ok, viaja todo el camino, amigo! -respondi√≥ la ni√Īa con entusiasmo.
Y así, volaron sobre el país con gran asombro de todas las personas que, al verlos pasar por encima de sus cabezas, permanecieron con sus narices hacia arriba hasta que desaparecieron de su vista. El vuelo duró aproximadamente media hora, muy corto para los dos amigos voladores, muy largo para Mama Mary.
Cuando finalmente aterrizaron en el jardín de GiacMul, todo el vecindario, recordado por los gritos de los dos padres, se reunieron allí, esperando...
- Mamá, papá, Martí, ¡fue hermoso! Usted debe intentarlo también. exclamó Federica, radiante de alegría.
- Hija m√≠a, ¬°nos hiciste morir de miedo! - agreg√≥ la madre Mary, apretando fuertemente a su peque√Īa ni√Īa contra su pecho, con el temor de que pudiera irse de nuevo.
Mientras tanto, la cantidad de personas que, habi√©ndola visto volar, se agolpaban alrededor de Federica, tratando de capturar sus sentimientos y consideraciones. La multitud ten√≠a curiosidad por saber d√≥nde hab√≠a estado, qu√© hab√≠a visto, qu√© emociones hab√≠a experimentado durante ese inusual viaje en el pueblo de Narzole. La peque√Īa Martina, sentada en su cochecito, mir√≥ todo con asombro sin poder explicar el motivo de tanta euforia. Tartamudeaba y aplaud√≠a alegremente con las manos y los pies mientras miraba a su aventurera hermanita con ojos de √©xtasis.
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Kobold de su lado vagaba saltando sobre su "monopiezo" entre la ruidosa multitud de curiosos. Impulso y arrogante, dispensó altivas sonrisas de complacencia. Con su comportamiento incómodo, respondió a las preguntas con la misteriosa actitud de quienes se hacen interesantes al suspirar. Se sentía como el héroe del momento y quería disfrutar su día como una estrella.
"No soy solo un" devorador de polvo ", repetía con altanería.
- ¬°Vamos, quien tiene el coraje de saltar sobre mi espalda y se lo mostrar√©! exclam√≥, arrogante, dirigi√©ndose al p√ļblico circundante.
Los primeros en aprovechar el desaf√≠o fueron Andrea Telaf√† y Mattia Telaspetti, dos ni√Īos peque√Īos intr√©pidos, desde√Īosos de miedo. Con unos pocos saltos saltaron sobre la r√≠gida espalda de Kobold, ansiosos por irse. Emanuele y Chiara Zola, dos amigas de Federica, que se encontraban en la casa de GiacMul por unas cortas vacaciones, se unieron a ellas.
Sintiendo el peligro inminente que corr√≠a la extra√Īa tripulaci√≥n, el padre Marco intent√≥ en vano desalentarlos. Dada la inutilidad de la invitaci√≥n, se esforz√≥ por destituirlos, pero todo intento fue en vano. Los chicos patearon como mulas locas tratando de alejarlo.
- Baje de inmediato o llamaré a la policía y, si no es suficiente, ¡incluso a los carabineros! - Marco amenazó con vigor Marco con la mirada fija de aquellos que no están dispuestos a desistir. Pero incluso este intento cayó en la nada.
En el ajetreo general, entre gritos desesperados, vítores, aplausos y aliento, Kobold hizo funcionar los motores y la aeronave comenzó laboriosamente a despegarse del suelo. Papá Marco y la madre Mary, preocupados por el destino de la inusual tripulación, siguieron el vuelo gritando desesperadamente:
- B√°jate de inmediato, b√°jate o acabar√°s mal!
Los cuatro jóvenes pasajeros animaron al piloto con vigorosas rodillas, casi como si fuera un caballo de carreras. Desde arriba saludaron con la mano a la audiencia, mientras que con el otro se abrazaron con fuerza, aferrándose a la espalda de Folletto por temor a un cambio repentino.
Exaltado por los gritos de sus nuevos fan√°ticos, el h√©roe empuj√≥ el motor al m√°ximo en un intento de volar m√°s alto. Fue en ese momento que un humo negro denso y amenazador comenz√≥ a salir de su vientre. La extra√Īa aeronave de la carlinga verde, como la piel de un lagarto, comenz√≥ a tambalearse, luego perdi√≥ altura y se estrell√≥ contra la lujosa piscina de los se√Īores Squarcetti, contigua a la casa de GiacMul.
- ¡Ayuda! Ayuda! ¡Qué terrible desgracia! La gente gritaba, arrancándose el cabello de la desesperación.
"Si no te apresuras a buscarlos, todos se ahogarán", gritó Mary Mary con angustia.
Mientras todos estaban desesperados, sin dudar un momento, el padre Marco, con la agilidad de un atleta ol√≠mpico, trep√≥ por encima del seto que marcaba las dos propiedades y se arroj√≥ con valent√≠a en el agua helada de la piscina y sali√≥ a la superficie, uno tras otro., los cuatro ni√Īos sanos y seguros. Folletto se qued√≥ en el fondo del tanque. Nadie pareci√≥ preocuparse por su destino cuando, de repente, se escuch√≥ un ruido sordo en el agua. Fue la Madre Mar√≠a la que se hab√≠a hundido en la ba√Īera para poner a Kobold a salvo. Hab√≠a llegado al fondo y, con toda la fuerza que da la desesperaci√≥n, hab√≠a logrado agarrarla por la √ļnica oreja que ten√≠a y devolverla con dificultad a la superficie del agua. Las madres saben que tienen un coraz√≥n de oro y siempre saben c√≥mo perdonar y amar, incluso cuando cometen una imprudencia peligrosa.
Acostados en el borde de la piscina, los cinco sobrevivientes del vuelo desafortunado, con labios cianóticos, ojos abatidos y piel de capón, golpean sus dientes como martillos en el yunque. Estaban asustados, relajados, confundidos, pero especialmente Folletto fue humillado por el miserable final de la empresa fantasmagórica.
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Fue entonces cuando, conmovido por su resignada y arrepentida apariencia, el padre Marco se acerc√≥ a √©l y, abraz√°ndolo con fuerza para calentarlo un poco, susurr√≥ afectuosamente en su gran oreja: "Mi peque√Īo obstinado, debes aprender que en la vida cada uno de nosotros Tiene una tarea precisa por realizar y para la cual est√° preparada. El tuyo no est√° volando, sino colaborando para mantener la casa en buen estado. Ninguno de nosotros habr√≠a podido limpiar los pisos, ya que sab√≠a c√≥mo hacerlo, y todos le est√°bamos agradecidos. NEn la vida, cada trabajo es importante si se hace con celo y amor. Es deshonesto y da√Īino en lugar de mentir, improvisar a los expertos cuando no lo estamos haciendo, poniendo as√≠ en peligro nuestra vida y la de los dem√°s, como usted lo hizo.
Folletto levant√≥ sus ojos brillantes y tristes al padre Marco y con voz d√©bil dijo: - ¬°Disculpe! Yo entendi Est√°s seguro de que de ahora en adelante sabr√© c√≥mo comportarme, y al decir eso, √©l comenz√≥ a llorar desde su casa, disculp√°ndose gradualmente con quien se encontr√≥. A partir de ese momento, volvi√≥ a ocupar su lugar en una familia querida y estimada por su buen servicio y vivi√≥ con GiacMul durante muchos a√Īos. Al final de su carrera dej√≥ el honorable cargo a su sobrino. Goblin junior, A lo que revel√≥ los rincones m√°s rec√≥nditos de la casa, antes de partir hacia un √ļltimo y misterioso viaje sin retorno.

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